El sombrero de fieltro

El sombrero de fieltro es el más extendido entre las prendas de invierno, con independencia de su forma final, su origen siempre es el mismo: una campana de fieltro elaborado a partir de pelo de conejo, libre y castor o de lana, mezclados en diferentes porcentajes, atendiendo a la calidad del fieltro deseado.

Para la fabricación del fieltro, se emplea, generalmente, pelo de conejo doméstico o salvaje, de liebre y de castor, convenientemente seleccionado y mezclado en una máquina (sopladora).

El pelo así mezclado, unido a veces con otras fibras, se pesa para formar unidades (cada una de las cuales en la cantidad suficiente para elaborar el fieltro de un sombrero); después pasa a una máquina de apelmazar, que aspira el pelo y, a través de un juego de tambores y aspas dotados de un movimiento giratorio vertiginoso, lo proyecta sobre un cono metálico con perforaciones muy finas, provisto de un aspirador, capaz de mantener el pelo sólidamente unido al mismo cono. Distribuido de una manera uniforme sobre el cono giratorio, se lanza contra el pelo un chorro de agua caliente para peinarlo; la lámina cónica así obtenida, llamada bastido, se introduce posteriormente en las máquinas de abatanar y alisar, operaciones que dan al fieltro una primera consistencia.

Después de esta operación, el bastido pasa a las máquinas de enfurtir que, en distintas fases, reducen el fieltro a un estado más compacto y resistente; en este momento se obtiene el verdadero fieltro, dispuesto ya para las operaciones siguientes de tinte y acabado. A esta etapa de la elaboración sigue, por lo general, el teñido del sombrero (en algunos tipos es posible realizarlo directamente sobre el pelo en la operación de enfurtir). , mediante su ebullición en un baño de colorante con mecanismos apropiados para que el color penetre profundamente en el fieltro.

Una vez obtenida la campana de fieltro, el sombrerero se encarga en su taller de dar la forma, dureza y acabado deseado. En este proceso, las distintas fases determinarán el sombrero final, es decir, la prenda que el usuario acabará por recibir.

La primera fase consiste en determinar qué dureza tendrá la prenda final, para lo cual se procede a un engomado en el que se impregna el fieltro con algún tipo de apresto que le dará buena parte de su consistencia final.

Tras esa operación, se procede al entallado, momento en que se logra esbozar las formas y dimensiones de copa y ala que tendrá el futuro sombrero. Esta operación, ya se haga de forma manual o mecanizada, implica usar la ductibilidad del fieltro mediante gran cantidad de vapor de agua que permite su manejo y conformación.

Posteriormente, y en función del resultado final que se pretenda, se procede al devastado del fieltro. En este proceso se determinará el tacto final que ofrecerá la prenda, según se desee un sombrero más o menos suave, o de pelo más o menos largo.

En este momento, se procederá al hormado, es decir, adaptar el fieltro a la horma deseada. Este procedimiento requiere gran habilidad de planchado y define las diferencias fundamentales entre unos u otros sombreros, tanto si se realiza por procedimientos mecanizados o mediante planchado artesanal, por cuanto que cada calidad y forma de fieltro exige un procedimiento diferente que sólo un experto sombrerero sabe determinar.

Concluidas estas fases, el sombrero se adorna con las diferentes cintas, badanas y forros que se quieran incluir, según la moda y el gusto del cliente.

Antes de presentar la prenda, aún quedará otro procedimiento por efectuar. El acabado definitivo, en que el sombrero es repasado por un experto que corrige cualquier defecto que pueda ofrecer por su manipulación en las fases anteriores. Se retoca, se pule, se peina el fieltro y ya estará listo para ser disfrutado.